Indudablemente, el habla dominicana es muy contextual. Se ciñe a la circunstancia y adrede o no, ajustamos el diálogo conforme al ámbito en el cual nos desenvolvemos. Por ejemplo, cuando estoy entre mi familia que es cibaeña de pura cepa, se me zafan unas clases de íes que peligrosamente atentan contra mi estatus y posición intelectual en el grupo de amistades y colegas, lo que en el argot dominicano se dice como me dejan el claro. Pero dejemos el tema de la “i” cibaeña para otro momento, pues quiero esbozar  la contextualización del hablar dominicano, empezando por la sustitución de “h” por “j”.

Etimológicamente hablando, la “h” silenciosa al inicio de muchas palabras en español  procede de una “f” antigua, que luego se convirtió en “j” para desvanecer por completo quedando solo la “h” en la escritura. Existen ejemplos de ítemes léxicos que se resisten a esta transformación como los casos de férrocarril que viene de hierro cuyo símbolo químico es Fe y portafolio que viene del latín folium que significa portahojas. La transición f/h empieza durante la época medieval, cuando el latín empieza a fragmentarse en otras lenguas. En 1605, año que Cervantes escribe el Quixote quien llama a Dulcinea señora de la fermosura, la f inicial persistía, pero ya se debilitaba a j, hasta eliminarse el sonido por completo, transformando para siempre el léxico y la ortografía hispana. Ejemplo de esto es filium-jijo-hijo.

Ahora bien, a través de los siglos hemos aceptado este cambio, pues si apelamos a esfuerzos articulatorios, es mucho más fácil elidir un sonido que manifestarlo. Pero no conforme con transmitir un mensaje en donde no quepa alguna duda, el dominicano ajusta su habla al contexto de la conversación para quedarse con una joya del español antiguo. Es justo y necesario, pues nos queda muy claro cuando el dominicano dice que tiene jambre y quiere darse una jartura; o que está jarto de la situación porque los políticos son casi todos unos jabladores y de ganar el candidato no deseado, no queda más que irse juyendo al exterior.